La descripción de Joaquín Castel (concejal del ayuntamiento de Cáceres en 1895) creo que lo dice todo: “El manantial del Marco es uno de los prodigios que la naturaleza ofrece con poca frecuencia. Es indudable que al amparo de su corriente fundaron los romanos a Cáceres y del desarrollo de la población ha sido el principal factor esa preciosa vena líquida que debió convertir desde el principio su ribera e un oasis de verdor en medio de estas extensas y secas mesetas de Extremadura” Ni qué decir de lo que este hilo de agua constante supone en la actualidad. Afortunadamente y al contrario de lo que ha ocurrido en otras ciudades, todavía se conservan (algunos en mal estado, otros mejor conservados) gran cantidad de restos arquitectónicos como molinos, fuentes, acequias, etc; un paraje medioambiental con cantidad de huertas; e igualmente un sinfín de valores tradicionales y culturales todavía vivos como son los propios hortelanos que siguen trabajando la tierra en esta preciosa zona de la ciudad.